La invención del telégrafo

La propiedad intelectual telégrafo corresponde a Samuel Morse aunque, en realidad, el primer telégrafo fue inventado por Claude Chappe, apoyándose en aportaciones de otros científicos:

Francisco Calvá y Campillo logró mandar un parte gracias a las descargas de un condensador.

Guillermo Eduardo Weber y Carlos Federico Gauss instalaron un telégrafo eléctrico entre la Universidad y el Observatorio de Gottingen (Alemania) consistente en una flecha que señalaba el sentido de la corriente.

Carlos Augusto Steinhel creó un sistema para que una aguja golpease dos campanillas con distinto tono.

Por lo tanto, extraemos que, efectivamente, Samuel Morse contribuyó significativamente a la comunicación vía telégrafo, pero no con la invención del aparato, sino con la creación de un nuevo alfabeto, el Código Morse.

La comunicación vía telégrafo era mucho más precisa que por carta porque, en el Siglo XIX, este medio estaba limitado a la Casa Real, a los ministros del Gobierno, a capitanes generales y gobernadores militares y civiles. En ocasiones especiales, éstos, cedían su uso a otras autoridades. Tenía, se podría decir, un uso burocrático.

Una infraestructura complicada

Para 1850, el telégrafo eléctrico se había extendido y asimilado por toda América del Norte, Inglaterra y la mayoría de Europa. Tenía un gran éxito por tierra pero encontraba problemas a la hora de realizar la comunicación a través del océano. Un primer intento para lograr esta comunicación submarina fue el cable del Estrecho de Dover, que no fue debidamente protegido. Sólo los extremos en cada playa se habían acorazado con tubos de plomo. Las señales de ambos lados eran confusas porque el cable se distorsionaba al estar sumergido. Sin embargo, un año más tarde, se colocó a través del Canal un cable correctamente acorazado con más éxito que el anterior. Al poco tiempo se consiguió interconectar todo el Mar mediterráneo además de Europa con África. Como consecuencia, el hombre comenzó a pensar en cruzar el Océano Atlántico. Cyrus Field era un empresario adinerado que se puso en contacto con Morse y con Matthew Maury, un oceanógrafo de la época para comunicar Europa con América del Norte. Asesorado por ambos, Field contrató a Frederick Newton Gisborne, como ingeniero del proyecto. El primer intento tuvo lugar en 1857. Para ello se utilizaron las embarcaciones HMS Agamemnon y USS Niagara. El cable comenzó a tirarse desde cerca de Kerry, en el suroeste de Irlanda, el 5 de Agosto. El primer intento se abandonó cuando el cable se rompió al llegar a los 3.200 metros de profundidad. Durante el siguiente año, ambas embarcaciones realizaron varias pruebas en el Golfo de Vizcaya, que resultaron bastante satisfactorias, lo que animó a realizar un segundo intento en 1858 tirando el cable transoceánico de la misma manera que en el primer intento. De nuevo, los problemas se repitieron, rompiéndose el cable de nuevo, lo que provocó que se tuviera que abortar el proyecto por segunda vez. El empeño de Field por conseguir conectar Europa con América impulsó un tercer intento con cables más resistentes y con una novedad en la ejecución. En este tercer intento se logró, el 16 de Agosto de 1858, por primera vez conectar las redes telegráficas de ambos continentes y enviar el primer mensaje.

El telégrafo y su contexto

El mundo de la información fue el primero en asumir este nuevo sistema de comunicaciones, que se caracterizaba por su rapidez .Así, algunos periódicos utilizaron la palabra ‘telégrafo’ en sus cabeceras, como el ‘Telégrafo Mexicano’, editado en Cádiz a principios del XIX. Mucho más eco social obtendría la telegrafía eléctrica, ya que suponía la primera utilización social de la electricidad. Se inventaron aparatos de gran complejidad como las líneas de postes y cables tendidos, que en pocos años iban a recorrer todas las rutas principales de todos los países. La semilla del telégrafo germinaría, unas décadas después, en la invención del teléfono.

Adrián Fuente

Rebeca Lozano

Esther Martínez

Patricia Ortega

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